El encuentro de dos mundos en Riobamba

Agricultura Familiar Campesina y agroindustria: Encuentro de dos mundos

Fuimos invitados a participar en la mesa de agricultura familiar y agroindustria convocado por el Ministerio de Industrias y Productividad [MIPRO] y Consejo Productivo Tributario. Asistimos con algo de curiosidad y poca expectativa a una de tantas mesas de diálogo que se desarrollan actualmente. Instalados nos solicitaron presentar problemáticas de nuestro sectores y posteriormente proponer alternativas y soluciones.

Éramos alrededor de 40 o 50 personas en el salón donde primaba la presencia de sectores de la industria agroalimentaria: Nestlé, La Fabril, Cámara de Agricultura, Asociación Ganadera, Pasteurizadora Quito, Femexpo, entre otras. Los facilitadores intentaron una metodología participativa donde la industria supo ser efusiva, clara y concreta: ¡Los impuestos son muy altos, la mano de obra es muy cara, nos quitaron el subsidio al combustible, la energía eléctrica es cara, nos van a subir el costo del agua de riego! ¡Todo esto nos resta competitividad! Como premisa fundamental se repitió constantemente “tenemos que ser más eficientes y bajar los costos de producción” ¡Los costos de producción en EEUU, Europa, incluso Colombia son más bajos que los nuestros!, ¡tenemos que llegar a esa eficiencia!

Otro elemento clave de su reclamo era que los ministerios están “desalineados”. Por un lado reconocían alguna labor de fomento a la industria pero reclamaban por controles y normativas cambiantes del Ministerio de Salud, señalado varias veces como el causante de varios problemas: controles excesivos; cambios de las normas de salubridad y etiquetado, incluso se decía “el etiquetado y el semáforo no son buenas medidas para la industria; han satanizado el uso de edulcorantes”.

Escuchamos con atención a 8 u 9 personas antes de empezar a darnos cuenta que la presencia campesina, escasa y desorientada, no tenían protagonismo, ni voz propia. Mi compañero Carlos, cercano a las organizaciones campesinas, fue el primero en tomar la palabra para hacer notar que existe un segundo plano en esta reunión. No todo es el sector industrial del gran capital y existen grandes inequidades. Esto animó a otras personas, todavía del sector ONG a señalar algunas problemáticas como mercados injustos, falta de políticas diferenciadas, falta recursos productivos.

En principio los industriales consentían y animaban la discusión: “ciertamente hay inequidad”; “sería bueno que los pequeños productores puedan titularizar la tierra para que accedan a crédito”; proponían además las “cadenas inclusivas” que permitirán que los campesinos sean proveedores de la industria, pero para ello tienen que mejorar su calidad. Para mi es un buen nombre que describe de que se trata: ¡cadenas!

Masticado y saboreado un poco el panorama, nos dimos cuenta que lo fundamental era que aquellas voces débiles tendrían que animarse y tomar su lugar.

Para ello me permití señalar un par de asuntos: lo primero, dije, la Agricultura Familiar Campesina no es valorada como lo que es, ni siquiera en esta reunión: ¡nos tratan de pequeños, pobres e ineficientes! pero disculpen: disponemos del 20% de la tierra y menos de 10% de ellas tienen riego, y sin embargo generamos el 60% de la comida de este país, ¡yo lo llamaría eficiencia! Y ésta no es una labor de pequeños, sino de verdaderos titanes del campo; ustedes en cambio disponen de tierra y gran capacidad productiva; todos sus campos (casi el 100%) disponen de riego; exportan a otros países; manejan grandes capitales y disponen de recursos financieros. ¡La inequidad es gigantesca! Somos dos mundos, dos planetas totalmente diferentes y el primer paso para construir a la equidad es que nos conozcan ¡que reconozcan nuestro valor!

El segundo asunto es consecuencia del primero. Ya que no nos conocen, piensan que tenemos poco valor, entonces han creado una narrativa, un discurso y un proyecto “inclusivo” que dice que estos pequeños, pobres e ineficientes deben “modernizarse”. Que deben adaptar las nuevas tecnologías, deben incorporar las nuevas semillas, deben integrarse en aquellas cadenas comerciales, deben convertirse en proveedores del gran capital con productos de ”buena calidad” (o mejor dicho: buena apariencia, porque calidad para nosotros es otra cosa); y así pondremos fin a la pobreza. Ahora, es el propio Estado que actúa como garante, como donador y sanador de estos males, con toda la buena voluntad o a veces con interés proselitista, pero así han caminado.

Y este, no es en realidad el principal problema. El gran nudo es que los campesinos (quizás la mayoría de ellos) han aceptado esta narrativa, se han convencido de ser “pequeños, pobres e ineficientes” y por tanto necesitados de donaciones y facilidades. Me di cuenta de ello cuando en medio de la reunión me acerqué a aquellas compañeras y compañeros que pasivamente estaban presentes en la mesa y les animaba a que eleven su voz y planteen sus iniciativas, y su primera respuesta fue: “es que no ha venido la Ingeniera del MAG que es la que nos apoya, ella es la que sabe, es la que conoce, a nosotros no da un poco de recelo”.

Que dolor y qué desafío tenemos por delante. Creo firmemente que la tarea fundamental para la sociedad ecuatoriana y más que nada, para el propio movimiento campesino es revitalizar su fuerza, su organización, su capacidad crítica y de participación. No podemos ir a regalarnos en semejantes escenarios porque así nos quedaremos recogiendo las migajas de una mesa que ya está servida y los comensales ávidos.

Luego de este primer debate (bastante diplomático debo decir) empezamos a construir las soluciones y alternativas. En esto si tomamos la determinación de romper el esquema de la reunión y nos juntamos con aquellos compañeros y compañeras del campo que al fin ya se sintieron más cómodos para expresarse y lanzar sus iniciativas y problemáticas. En medio del barullo logramos construir y exponer 5 puntos claros y concretos recogidos de la vivencia cotidiana.

  1. Queremos un sistema de comercialización que rompa la intermediación, que no nos excluya y no nos persiga. ¡Que reconozcan nuestro valor y paguen precio justo! Solo de este modo podremos mejorar nuestra vida y ofreceremos productos más económicos al consumidor.
  2. Queremos sistemas de crédito que sean oportunos (inmediatos) y que no nos pidan garantías inalcanzables; así nuestra producción no se detiene y podremos sembrar a tiempo.
  3. Merecemos incentivos tributarios porque somos productores de alimentos, por ejemplo los municipios han aumentado el impuesto predial y esto golpea más a los agricultores; si así se cumple nos dará más ánimo, más alegría para producir.
  4. Debemos lograr un cambio radical en el riego; así como los industriales tienen todas sus fincas con riego, nosotros debemos tener 100% riego en nuestras tierras, ese debe ser objetivo del país; esta es la única condición para aumentar la producción y ya no estaríamos esperando solo el tiempo de lluvia.
  5. Queremos formación y capacitación en Agroecología, ya no queremos usar químicos pero no sabemos cómo hacer este cambio. Debemos recuperar este conocimiento y recuperar además nuestra propia semilla. Con esto se beneficia nuestra salud, bajamos el costo de los insumos y fertilizantes, y además respetamos la Pacha Mama, cuidamos el ambiente.

Que alegría será para nuestras familias campesinas darse cuenta que todos estas demandas claves están en sus propias manos, sin necesidad de donaciones y aparatejos burocráticos que con buenas (o malas) voluntades se apercheran detrás de la tecnocracia empresarial modernizante.

Luego de esta reunión, que ojalá haya servido más que para la anécdota, para hacer un par de conclusiones que me animé a compartirles:

  1. Creo que en este momento debemos continuar la disputa de al menos dos cosas: el sentido de la política pública (es decir hacia la institucionalidad y el Estado); y el sentido de la práctica cotidiana (nuestro hacer, nuestro sembrar, nuestro comer).   ¿Hacia dónde? ¿Para qué? ¿Cómo? ¿Con quién?, estas preguntas han de ser permanentes y sus respuestas pasajeras, debemos esforzarnos en encontrar, quizás más en inventar las vías y los caminos, y no detener la marcha.
  2. Y algo que no podemos pasar por alto: Aquí falta un caminante, hay un “tercer” mundo gigantesco y ausente todavía, pero que sería el aliado natural para las luchas campesinas, el oxígeno que podría reactivar las –todavía- tibias flamas de la movilización y acción: Se trata de Tú, yo, nosotros, las y los consumidores.
    ¡Ojo! No somos la demanda del mercado, somos actores sociales con derecho a la participación y toma de decisión sobre políticas públicas que afectan a nuestro alimento; además somos actores con responsabilidad, porque debemos hacer propia la causa campesina que reclama para que la tierra, el agua y la semilla retornen a sus manos. Si esta voz no se alza, si es que no actúa pronto, el gran capital industrial continuará expandiendo sus canales y retrocederán los pocos o muchos avances normativos que lo regulan.

Si no construimos pronto estas alianzas fraternas entre el campo y la ciudad, la lucha campesina pierde oxígeno y esperanza. Dicen que siempre es un buen tiempo para empezar, pero mañana puede ser tarde.

 

Por Roberto Gortaire.

CAMPAÑA NACIONAL POR EL CONSUMO RESPONSABLE

Que Rico es comer sano y de nuestra tierra