Seamos francos: en Ecuador nos estamos enfermando de aquello que podemos prevenir. Diariamente, nuestras mesas, loncheras y calles están inundadas de productos ultraprocesados cargados de un enemigo silencioso, pero letal: las grasas trans de producción industrial.
Si usted es asambleísta, asesor político, dirigente o representante de un organismo internacional, este mensaje es para usted. No estamos hablando solo de un tema médico; estamos frente a una crisis económica, social y de soberanía alimentaria que exige políticas públicas inmediatas.
El reciente simposio **»Corazones libres de grasas trans: El rol del consumidor»** reunió a voces expertas desde la academia, la economía, la cocina y la organización ciudadana. Lo que se expuso allí no es una simple advertencia, es una radiografía de un Estado que necesita actuar ya.
A continuación, le compartimos por qué regular estos productos debe estar en el centro del debate nacional y legislativo.
El impacto económico: Gastar en enfermedad en lugar de invertir en salud
No podemos hablar de desarrollo si nuestro presupuesto se escurre en tratar enfermedades crónicas. Como bien apuntó **José Julio Villalba**, el 60% de las muertes en el país provienen de enfermedades no transmisibles. Para una familia ecuatoriana promedio, costear los tratamientos derivados de una mala alimentación (como la diabetes o la hipertensión) representa un golpe devastador que supera los 300 dólares mensuales.
Esta fuga de recursos fue reforzada por el análisis de **Rubén Flores**, quien evidenció que los costos de no regular las grasas trans terminan cayendo en un «saco roto» para el sistema de salud pública y la economía nacional. La inacción nos sale demasiado cara.
El entorno nos enferma: La ilusión de la elección

¿Realmente elegimos lo que comemos? La doctora **Wilma Freire** y la investigadora **Myriam Paredes** han sido enfáticas al contrastar el valor de nuestros platos tradicionales y nutritivos frente al consumo masivo y diario de productos que socavan nuestra salud desde la infancia.
Esta realidad se agudiza en los entornos «obesogénicos» que habitamos. **Betzabe Tello** expuso una paradoja alarmante: los jóvenes universitarios, incluso aquellos que estudian carreras de salud, se ven acorralados por multinacionales y comida rápida. La falta de tiempo y dinero los empuja a consumir grasas trans porque las opciones saludables son casi nulas. No es falta de voluntad ciudadana; es la configuración de un entorno que prioriza el comercio sobre la vida.

En la misma línea, el chef **Esteban Tapia** desenmascaró el engaño de la industria, cuyas etiquetas esconden «mantecas hidrogenadas» bajo absurdos sabores artificiales. Sin embargo, Tapia nos recuerda un principio vital: defender la vida debe hacerse con alegría. Recuperar nuestra gastronomía y la agroecología es sanar la tierra para sanar a las personas («Una sola salud»).
El vacío estatal y la manipulación corporativa

¿Cómo hemos llegado al punto en que los productos nocivos habitan libremente en las loncheras de nuestros hijos? **Marcelo Aizaga** lo resume claramente: existe una manipulación corporativa a la que no le interesa la salud humana, sino el rendimiento mercantil.
Frente a esto, **Ana Lucía Bravo** hizo un llamado urgente de atención al debilitamiento de las instituciones del Estado. La falta de capacidad gubernamental para regular y controlar el mercado alimentario nos deja desprotegidos. Sin embargo, la academia y la sociedad civil están listas para ser aliadas en la construcción de regulaciones estrictas, basadas en la evidencia y libres de conflictos de interés. El vacío estatal y la manipulación corporativa
La respuesta comunitaria: Un tejido que necesita respaldo legislativo
La sociedad ya está haciendo su parte. **Eliana Estrella** destacó el inmenso poder del consumidor al momento de decidir qué lleva a su familia y la importancia de tejer redes con ferias agroecológicas. No obstante, las decisiones individuales y comunitarias tienen un límite si no están respaldadas por un entorno regulatorio fuerte.
Un llamado a la acción
Señores tomadores de decisión: el 80% de los países del mundo ya están acatando las recomendaciones de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) para eliminar las grasas trans industriales. Ecuador no puede seguir rezagado. La evidencia está sobre la mesa, los costos de inacción están medidos y la exigencia ciudadana es clara. Necesitamos leyes valientes que prohíban las grasas trans, fomenten los entornos saludables y protejan verdaderamente los corazones de los ecuatorianos.

**Les invitamos a no quedarse con este resumen.** La complejidad y la riqueza de este debate merecen su atención completa. Escuchar a estos expertos es el primer paso para legislar con conciencia y empatía.
**Mire las presentaciones del simposio «Corazones Libres de Grasas Trans» en nuestro canal de YouTube y sea parte del cambio que Ecuador necesita.**
Lista de reproducción del simposio Corazones libres de grasas trans
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